ES INOLVIDABLE -Y NO PRECISAmente por grata- la imagen del entonces ministro de Defensa, Fernando Botero Zea, con su hijito de 4 o 5 años disfrazado de lancero, es decir, con uniforme camuflado del Ejército Nacional. Es natural que los niños jueguen a ser soldados, piratas, médicos, bomberos, policías y ladrones; que tengan soldaditos de plomo y tanquecitos y avioncitos de guerra. Pero de ahí a fomentar…
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