Conocidos de este colombiano, socio del fondo Fairfield Greenwich, que tenía cerca de la mitad de sus activos en la pirámide de Bernard Madoff, dicen que gastaba dinero como ningún rico, y que monetizaba sus relaciones. Duques y príncipes eran sus invitados en fastuosas fiestas. √É‚Ä∞l responde que exageran sobre su vida.
El título que Andrés Piedrahíta ostentó durante los últimos años fue el de socio de Fairfield Greenwich Group, el fondo de cobertura que perdió 6.900 millones de dólares en la fraudulenta pirámide financiera de Bernard Madoff.
Sin embargo, el trabajo real de Piedrahíta, le dijo él mismo alguna vez a un amigo, era “vivir mejor que cualquiera de sus clientes”.
Con una mansión en Londres y después en Madrid, un mayordomo, un automóvil, con chofer y el uso de avión privado, hacía exactamente eso. Este colombiano organizaba lujosas fiestas, hizo una impresionante colección de arte, y entretenía a amigos en su yate ‘Falcon’, en la isla de Mallorca, donde tiene una hacienda.
Entre sus invitados estaban el Duque de Marlborough, el Príncipe Felipe, heredero de la corona española, y supermodelos.
“En mi vida no he visto a nadie vivir como Andrés, o gastar como Andrés. Y conozco a billonarios que son diez veces mas ricos que él”, dice Fernando Botero Zea, hijo del pintor colombiano del mismo nombre. Su negocio era vivir a todo dar.
Casado desde 1989 con Corina Noel, la hija de Walter Noel, el fundador de Fairfield Greenwich, Piedrahíta era uno de los cuatro yernos que trabajaban en la empresa familiar. Sin embargo, sus sobresalientes habilidades en relaciones públicas lo distinguieron de los demás.
Los analistas dicen que Piedrahíta, de 50 años, jugó un papel clave en ampliar el alcance de la pirámide de Madoff, atrayendo millonarios latinoamericanos y europeos para que invirtieran en Fairfield Greenwich, que a su vez tenía cerca de la mitad de sus activos en la firma del financista estadounidense.
Pero Piedrahíta, en una entrevista telefónica desde Madrid, dice que en los últimos años trabajó duro para diversificar a Fairfield Greenwich hacia otras inversiones, como bienes raíces, y alejar al fondo de la firma de Madoff, la cual en cierto punto alcanzó a canalizar el 70 por ciento de los activos de Fairfield Greenwich.
El mayor activo de Piedrahíta, respaldado por millones de dólares en gastos de entretenimiento, sería su personalidad, que, según sus amigos, lo convirtió en un vendedor estrella para Fairfield Greenwich. Tenía “don de gente”, afirma un amigo.
Ahora, con el colapso de la pirámide financiera de 50.000 millones de dólares de Madoff, Piedrahíta se encuentra en medio de una tormenta legal y financiera. Los fiscales anticorrupción en España están investigando a Fairfield Greenwich y a Piedrahíta, para determinar qué sabían exactamente sobre los fondos fraudulentos de Madoff cuando se los vendieron a clientes españoles.
Igualmente, Piedrahíta y Fairfield Greenwich son blanco de por lo menos tres demandas colectivas entabladas por furiosos inversionistas en Estados Unidos, que afirman que la compañía y sus directores fueron extremadamente negligentes al invertir su dinero en Madoff.
Los problemas legales de Fairfield Greenwich y Piedrahíta se multiplicaron al principio del mes, cuando el estado de Massachusetts entabló una demanda civil por fraude en contra de la empresa y sus directores, incluyendo a Piedrahíta.
La demanda afirma que Fairfield Greenwich no ejerció diligencia debida cuando canalizó los recursos de sus clientes hacia Madoff. La demanda busca que Fairfield Greenwich restituya a sus clientes sus pérdidas y devuelva las sumas multimillonarias que cobró por gestionar los fondos que entregaron a Madoff.
De acuerdo con la demanda, Piedrahíta fue el director que ganó mas dinero en los dos últimos años. En el 2007 ganó unos 45 millones de dólares, y estaba encaminado a cobrar otros 28 millones de dólares el año pasado, antes de la debacle de Madoff.
Con la fortuna congelada
Un juez en Connecticut ordenó el congelamiento temporal de los bienes de familiares de Madoff y los de Piedrahíta, al igual que los bienes de otros directivos de Fairfield Greenwich y de ejecutivos de otros fondos que alimentaban el de Madoff. Un vocero de Fairfield Greenwich declinó hacer comentarios.
Piedrahíta asegura que él y la extensa familia Noel están entre las víctimas de Madoff. “Somos víctimas del mayor fraude en el mundo, como lo fueron los bancos mas grandes y las familias más importantes del mundo”. Fairfield Greenwich, en un comunicado, ha informado que la compañía estaba conmocionada por el fraude y “agresivamente buscaría” recuperar los activos perdidos en la estafa de Madoff.
Hijo de un corredor de commodities, Piedrahíta era un joven popular, guapo y sociable que, dicen sus amigos, pocas veces abría un libro cuando estudiaba en el English School, el colegio privado al que iba en Bogotá.
Después de graduarse de bachiller, estudió comunicación en la Universidad de Boston. En dicha ciudad, se conectó con muchos hijos e hijas de familias ricas de América Latina y Europa, que luego lo ayudarían a expandir su negocio de inversión. “Siempre ha monetizado sus relaciones, e hizo una fortuna de ellas”, dice un amigo que lo ha conocido desde sus días de estudiante.
Después de graduarse de la universidad, Piedrahíta vivió en Nueva York, donde trabajó como corredor de commodities, vendiendo acciones y desempeñándose como asesor de inversiones.
No es el primer fracaso
Su floreciente carrera en las finanzas casi se descarrila a principios de los años 80. En ese entonces, Piedrahíta, que estaba trabajando para una pequeña corredora de commodities llamada Balfour McLaine, logró que varios amigos de su padre en Bogotá se interesaran en inversiones que, en poco tiempo, fracasaron.
Muchos de sus inversionistas se “quedaron callados y perdieron su dinero dignamente”, dice uno de ellos. “Prefirieron la amistad con el padre, a la recuperación del dinero”. Balfour McLaine, ahora llamada Balmac International Inc., declinó hacer comentarios.
Un inversionista, no obstante, no se conformó. Este dice que a menudo le pedía a Piedrahíta información sobre cómo estaban sus inversiones. Piedrahíta evitaba el tema, incluso argumentando durante una visita a Bogotá que se había olvidado de traer las cuentas de sus clientes desde Nueva York.
Cada vez más desconfiado, el cliente cuenta que tomó un avión a Manhattan, fue a la oficina de Piedrahíta y encaró a su jefe, pidiéndole la información que el corredor se había negado a proveer. “Fue catastrófico”, dice el cliente al recordar el estado de su cuenta.
En conclusión, Piedrahíta perdió su trabajo, cuenta el cliente, quien recuperó todo su dinero. Piedrahíta afirma que ocho clientes perdieron un total de 600.000 dólares. “Todo el mundo tiene reveses”, dice. “Vendí algo que resultó ser malo. Lo vendí con las mejores intenciones, pero no funcionó. Esa es la naturaleza de los commodities”. Piedrahíta niega la afirmación del cliente de que fue despedido de Balfour. “No es cierto, asegura. “Me fui a trabajar a Prudential Bache”.
Después de otra década en varias firmas financieras de Nueva York, Piedrahíta empezó a trabajar por su cuenta. Fundó una pequeña firma llamada Littlestone Investments, una traducción al inglés de piedrita (parecido a su apellido), en una pequeña oficina, en la calle 57 de Manhattan. Al principio, dicen sus amigos, Piedrahíta vivió arriba de un delicatessen en el centro de Manhattan, tenía dificultades para conseguir clientes, pero socialmente era un éxito.
Al estilo de un atrevido comediante, Piedrahíta cautivaba a muchos. Era un gran imitador y le gustaba hacer bromas. A veces exageraba su acento sudamericano. Otras, se pasaba de la raya, dicen sus amigos. Una vez, se coló a una cena de ensayo matrimonial y pronunció un discurso fuera de lugar. “Di un discurso que no debí haber dado”, dice ahora. “Pero no me colé en la recepción. Fui invitado”.
Sus amigos cuentan que Piedrahíta maduró después de su matrimonio con Corina Noel. En 1997 fusionó Littlestone -que en ese entonces manejaba como 800 millones de dólares- con Fairfield Greenwich. Poco después se mudó a Londres, a una mansión en Chester Square.
Un amigo recuerda una cena llena de duques ingleses y miembros de las casas reales europeas. “Los únicos duques que no estaban allí eran los Duques de Hazzard”, bromea.
En Madrid, a donde se mudó en el 2003, el estilo de vida de Piedrahíta se volvió aún más extravagante. Viajaba a menudo entre Madrid y Londres en un jet privado Gulfstream, que estacionaba en una base militar cercana a Madrid. Fue invitado a una fiesta de disfraces en una mansión en Rusia, en la que todo el mundo se disfrazó de aristócrata de la era zarista. Cazaba faisanes con la crema y nata de la sociedad española.
Piedrahíta dice que los relatos de su estilo de vida son exagerados. Igualmente asegura que nunca mezcló los negocios con el placer, y que solo invitaba a amigos, y nunca a clientes potenciales, a sus cenas y eventos sociales. “Tengo contados en una mano los amigos que invirtieron conmigo”, dice.
Pocos días antes del colapso de Madoff, Piedrahíta trataba de vender a amigos y conocidos un fondo llamado Fairfield Sentry, cuyos activos eran gestionados por Madoff, dice Martín Varsavsky, un empresario argentino que vive en Madrid y quien asegura fue contactado por Piedrahíta. “No invertí porque ni Andrés ni nadie más me pudo explicar cómo funcionaba ese fondo”, dice Varsavsky. El empresario, sin embargo, cree que el colombiano es otra víctima de Madoff.
Por su parte, Piedrahíta parece tener la conciencia tranquila. “Me miro al espejo en las mañanas y me siento orgulloso de lo que he hecho, así como mis socios”, dice desde Madrid.
JOS√É‚Ä∞ DE CÓRDOBA Y THOMAS CATAN
THE WALL STREET JOURNAL
CIUDAD DE MÉXICO Y MADRID
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